El pasado miércoles asistí a uno de los muchos eventos que Sony organizó con motivo del lanzamiento de su flamante PS Vita. Pero este era muy especial: era sólo para mujeres.
Cuando llegué no sabía muy bien qué me iba a encontrar. Pensé que no iba a conocer a casi nadie… Mujeres en prensa especializada en videojuegos no hay muchas. Y, efectivamente, lo que más había por allí eran mujeres de revistas de moda, de decoración, de prensa femenina en general, que iban vestidas a todo trapo. Y yo con los vaqueros (lo de mis pelos no tiene arreglo)… Pronto vi que Sony había invitado también a mujeres de otras compañías: Electronic Arts, Rockstar, Bethesda, 2K Games, Koch, Codemasters, Namco Bandai… Todas íbamos más o menos igual: “arreglás”, pero informales. Me sentí mucho mejor, mucho menos fuera de lugar y además rodeada de caras amigas.
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El viernes pasado salí de una reunión de más de 3 horas, con la cabeza embotada de ideas, de datos, de nuevos conceptos… Y con unas ganas de ir al baño que no veas. En las sienes me palpitaba un principio de jaqueca, de esos que te ponen la nuca rígida. Cuando llegué a mi sitio me encontré un enorme ramo de rosas rojas. De las grandes, de tallo largo y pétalos olorosos. Se me pasó el dolor de cabeza. Mi media naranja es mucho más romántica que yo…
Entonces pensé que tenía que subir un post para el día de San Valentín. Y es que, aunque no lo parezca, en los videojuegos también hay hueco para el amor y algunas historias que hemos vivido en primera persona merecen la pena recordarse. Y no penséis que son romances empalagosos y muy rositas, qué va, hay de todo, desde triángulos amorosos a traiciones, muertes, desapariciones, relaciones imposibles, de amor odio… Ahí van:
El primer triángulo amoroso de la historia de los videojuegos (Donkey Kong).
Lo protagonizaron la Princesa, Donkey Kong y Mario. Los dos amaban a la princesa y el fontanero se empeñaba en rescatarla de la garras del gorila enamorado… Y está claro que la Princesa debe tener algún tipo de atractivo animal, porque aunque el pobre Donkey se reformó, una tortuga con mucho pincho tomó su relevo. Eso sí, su paladín siempre fue Mario. Y teniendo en cuenta los años pasados luchando por ella, su amor es el más fiel y consolidado de la historia...
Como todos sabéis yo vengo del mundo del “print”, vamos de la prensa escrita en papel. Uso Internet como todo el mundo y me muevo como puedo, esquivando las aristas de la tecnología, entre “tablets” y “smartphones”. Desde hace un tiempo también me codeo con la prensa digital (aquí me tenéis) y no me está quedando más remedio que aprenderme cómo funciona. Pero lo estoy llevando fatal.
Yo, que me considero capaz de aprender cualquier cosa si me lo explican bien y me dan margen a la experimentación, me encuentro sumida en el más absoluto de los caos. Y es que la parte de “explicarlo” bien es la que no funciona. Una charla con un experto en Internet o un programador, me tiene mareada y resacosa dos días (y hasta tres). Y no ya porque las cosas sean distintas (que lo son) o más difíciles, es que no entiendo el idioma en el que me lo explican. Como necesito unos segundos para interiorizarlo, cuando vuelvo a la charla ya me he perdido otro concepto… ¡Qué ignorante!
Es lógico que ante cosas nuevas se creen palabras nuevas o se adapten las de otros idiomas. Cuando es un mundo totalmente nuevo, todo el lenguaje es nuevo. No me quejo. Bueno, sí, me quejo, pero de lo lenta que soy yo para adoptar palabrejas que en muchos casos no sé lo que significan. Y creedme, cuando sabes lo que significa una palabra es cuando realmente la usas bien y te la aprendes.
Lo que ya no es tan lógico es que adoptemos palabras...
Aunque cuando me pongo depre me hundo en la más profundas de las miserias, la verdad es que se me pasa rápido (casi siempre) y busco soluciones a mi triste estado de ánimo. A veces no son más que ideas tontas que se pierden en la niebla del absurdo, pero en ocasiones también se me ocurre algo interesante.
En este caso he decido pensar qué puedo hacer para animarme. Jugar siempre me funciona, pero no está el horno para bollos de 70 pavos que además te comes en tres sentadas… Y es que no sé porqué tanto empeño en hacer los juegos tan fáciles y tan cortos…
Lo primero que he pensando ha sido en sacarme todos los trofeos de los juegos que me gustan. Y es que, aunque me da vergüenza reconocerlo, no tengo ni un solo Platinum. Me suelo cansar antes de lanzarme al asalto definitivo, pero hay que reconocer que si te picas, lo de los trofeos consigue que el juego te dure el doble… (o hasta el infinito si lo que quieres es el Platinim de Gran Turismo 5, ese debería valer por 20).
Aquí os dejo el vídeode mi héroe (que no sé quién es, pero es mi héroe)
Es...


